Escuela de Psicoterapia y Psicodrama
Tuvimos el placer de compartir en la escuela, el sábado
19 de Abril, un ratito con Roberto Longhi, presidente de A.C.C.I.P.I.A., sobre
un caso clínico de trastorno de la personalidad límite visto
desde la óptica psicoanalítica pero desde un modo de hacer y
de pensar abierto e integrador.
Roberto nos introdujo en el caso clínico contextualizandonos y dándonos
algunas referencias a cerca de su modo de trabajar con este tipo de patologías
así como de los modelos teóricos desde los cuales él
había partido y le habían ayudado, como son algunos autores
de diferentes modelos conceptuales psicoanalíticos, desde Heinz Kohut,
Otto Kernberg o las teorías kleinianas hasta el pensamiento de Hector
Fiorini, las teorías del apego o las ideas de Hugo Bleichmar, pero
sobretodo dejando clara la idea de que no se trata de caer en el eclecticismo
de “todo vale” pues lleva consigo toda una sustentación
clínica, teórica y técnica.
De esta manera, considero profundamente valioso y costoso transmitir todo ello, y que Roberto Longhi realizara este seminario donde además de la complejidad y los años de experiencia que conlleva el dirigir el psicoanálisis hacia la apertura y la integración, el haberlo transmitido de una manera que resultaba sencilla y acogedora.
En este espacio de encuentro y de lo que a cada uno nos pudo parecer el seminario, recojo algunas referencias con las que me quedo, como la idea que nos transmitió Roberto de recoger no sólo lo patológico del paciente sino también la parte sana, donde los analistas tendemos a pensar en términos psicopatológicos, cuando también tendríamos que hablar y pararnos un poco más a cerca de los potenciales para la salud que tienen. Otras de las ideas que me gustaron son algunas de las reflexiones que se planteaba a cerca de cómo manejar la distancia con el paciente, qué distancia tomar del paciente para no colocarse en el rol complementario patológico. También me quedo con la parte que le corresponde al terapeuta de manejarse con los retos que la familia puede plantear a cerca de la valía del tratamiento ya bastante iniciado el mismo, ya sea como cualquier forma de defensa, de querer o necesitar ver que las dificultades del paciente pueden ser debidas a una enfermedad biológica. Por otro lado me produce algo de esperanza que de vez en cuando los diagnósticos coincidan y estemos de acuerdo entre profesionales.
Otra idea importante a resaltar es complementar la técnica y el arte de la interpretación incluyendo variantes técnicas necesarias sobretodo para este tipo de patologías, que como decía Roberto, “no solo interpretaba, hacía”. A parte de descubrir o revelar significados a través de la técnica de la interpretación, también y sobretodo, hacer, crear nuevos significados, afirmar al paciente. Variantes necesarias, desde mi punto de vista, para este tipo de patologías basadas en el déficit.
Concluyendo, y desde mi modo de ver la docencia, cuando un terapeuta cuenta lo que hace más allá de lo teórico y de lo técnico, objeto de dificultades, dudas, variantes, reflexiones o temores, así como el intento de ir eliminando tabús y miedos que a los terapeutas jóvenes y no tan jóvenes les pueda crear, es de agradecer siempre. Ver la cara humana, intersubjetiva, y a veces nada neutral de la psicoterapia psicoanalítica y sin caer en eclecticismos, como decía, con una rigurosidad y un conocimiento de la disciplina, es con lo que me quedo de este seminario impartido por Roberto Longhi.
Un saludo a todos, y desde aquí os animo a construir entre todos
este espacio de “encuentro con los papeles”.
Silvia Monzón.
El compartir.
El pasado sábado pudimos compartir con Roberto su quehacer clínico
a través de la presentación de uno de sus casos clínicos.
Nos presentó el proceso terapéutico que fueron construyendo
y desarrollando Roberto y su paciente.
Me agradó encontrarnos con un terapeuta experimentado que nos habló
sin ambages, sobre la clínica cotidiana de los psicoterapeutas. Como
terapeuta joven que soy, le agradezco la sinceridad con que nos habló
sobre el día a día de un proceso terapéutico en el
que hubo lugar para las dudas, los temores, y las incertidumbres. Tuvimos
la oportunidad, muy valiosa para mi, de ver la forma en que dirigía
el tratamiento tomando decisiones que quizá no fueran “ortodoxas”
pero sí importantes para paciente. Roberto nos fue dibujando el camino
transitable que existe entre la rigidez técnica del terapeuta y la
falta de rigor en nuestro trabajo. Es muy tranquilizador que un terapeuta
de su experiencia nos muestre un modo de transitar este camino. Nos mostró
cómo la clínica una y otra vez nos muestra que para poder
ayudar a nuestros pacientes se requiere humanismo, flexibilidad y sentido
común en las mismas dosis que un conocimiento teórico y técnico
muy riguroso.
Dicho todo esto, solo me queda compartir, el agradecimiento con que despedimos
de Roberto el pasado sábado, a la espera de que en otra ocasión
volvamos a encontrarnos.
Caín Girol.